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Ricardo Gangeme
13 de mayo de 1999

Caso: Ricardo Gangeme



Callejón sin salida:

1 de julio de 2000
Jorge Elías

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Los eventuales contactos de un policía detenido con testigos de identidad reservada que aportaron datos para la investigación del asesinato de Ricardo Gangeme, propietario y director del semanario El Informador Chubutense, de la ciudad patagónica de Trelew, Argentina, alentaron la posibilidad de que la luz asomara al final del túnel.

Pero no: el juez Omar Florencio Minatta desecha toda relación entre el suboficial Claudio Gajardo, acusado de robo a mano armada y de ser miembro de la banda de los borceguíes (por el tipo de calzado que usan), y el crimen del periodista, ocurrido el 13 de mayo de 1999.

Es decir, el caso Gangeme continúa en un callejón sin salida. Con tres procesados que están detenidos: Daniel Vitti (considerado instigador), Ricardo Smith (presunto autor material) y Alejandro Zabala (presunto copartícipe). Y con otros tres, también procesados, que están en libertad: Néstor Echauri, Daniel Soto y Alejandro Jara.

Que, en su conjunto, no cerrarían el virtual rompecabezas en el cual, al parecer, faltaría la pieza clave. El autor real, como esgrime Norma De Benedetti, abogada, la segunda mujer de Gangeme. O los peces gordos, como advierte Minatta. Un misterio, el autor real o los peces gordos, no develado por las pesquisas.

En especial, según especulaciones, por el código de silencio que habrían sellado los imputados. "No existe el crimen perfecto -dice De Benedetti, radicada en Buenos Aires, a casi 1500 kilómetros de Trelew-. Cuando hay tantos implicados que no pueden hablar, alguno habla finalmente." En el juicio, tal vez.

Zona liberada

Gangeme murió en la puerta del edificio en el que alquilaba un departamento, en el centro de Trelew. Era la 1.28 de la mañana. Llevaba casi 1500 dólares y varios cheques, no tocados por el hombre que se acercó a su auto y, no bien bajó la ventanilla, le disparó a sangre fría. La policía, frecuente su presencia en el lugar (a una cuadra y media de la comisaría), miraba hacia otro lado, según De Benedetti. O no estaba. "Era una zona liberada", sospecha.

Hipótesis que, en principio, apuntaría a corroborar que el motivo del crimen estuvo ligado con las denuncias de corrupción en el gobierno provincial que publicaba en El Informador Chubutense. No, como también aducen en Trelew, con la personalidad difícil de Gangeme o con sus incursiones en la vida privada de las personas por medio de una columna de chismes que firmaba con el seudónimo Garganta Profunda; era una versión remozada de otro seudónimo, El Fantasmita, que utilizaba en Jornada, el diario de circulación regional que había dirigido anteriormente.

De Jornada salió en malos términos con su dueño, Carlos Spadone, asesor del ex presidente Carlos Menem y copropietario de Bodegas Menem. Y, a su vez Gangeme se sintió defraudado por Héctor Fernandes, empresario de Trelew que le presentó a Spadone y que, luego, asociados los dos (Fernández y Spadone) también prescindió de los servicios de Gangeme.

En los últimos números de El Informador Chubutense, mientras vivía Gangeme, los titulares hablaban de una sobrefacturación de un 2458 por ciento (ocho millones de dólares) que perjudicaba a la Cooperativa Eléctrica, de Trelew. Señalaba como responsable a Fernandes. Era un asunto personal, en realidad.

De Benedetti, en vías de ser aceptada como querellante del caso después de la renuncia del abogado Luis López Salaberry, en cuyo estudio constituyó el domicilio legal, dirigía FM Tiempo, entonces propiedad de Fernandes. "Compartíamos las fiestas de fin de año que hacía en su bar, Vittorio, enfrente de la radio, por difusión, no porque estuviésemos invitados", dice ella.

Amenaza de muerte

En el garaje del bar, precisamente, Gangeme había sido amenazado de muerte por Fernandes, según la denuncia que radicó de inmediato en la comisaría. Amenaza que también habría recibido el socio gerente de una concesionaria de autos, Edgardo Nervi. Razón por la cual todas las miradas se desviaron al comienzo hacia el empresario, condenado ahora con multas y prisión en suspenso.

Era la coartada perfecta, en caso de que haya sido así, después de haber sido el blanco de las denuncias de Gangeme en el El Informador Chubutense y, como réplica, de haberlo amenazado por ello y por deudas. Fue cinco días antes del crimen en un país sensibilizado desde el brutal asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas.

"En este caso, a diferencia de lo que ocurrió con Cabezas, la falta de indicios dificulta el esclarecimiento", dice Minatta. Afirmación que atribuye De Benedetti, entre otras causas, a la ausencia de una campaña nacional en pos de hallar la verdad. Interés que, salvo raras excepciones, no han demostrado otros medios de comunicación de circulación nacional.

Gangeme sufrió varias decepciones con Spadone, según los curriculums que preparó cuando volvió a Buenos Aires después de su separación de Jornada. En ese momento sufrió un pico de presión alta por el cual quedó internado, según De Benedetti.

"Soy totalmente consciente de que no era querido -dice ella-. Tenía su carácter. No permitía que los periodistas de Jornada cobrasen por la información que publicaban. Pero no iba armado, como dicen. El arma, de hecho, la compró después de un secuestro del que escapó."

Fue en 1997. Lo raptó una banda dirigida por una mujer vinculada con la Cooperativa Eléctrica. Con la cual están relacionados, a su vez, Vitti y los otros procesados por el crimen. Gangeme logró abrir la puerta del auto en el que iba con destino incierto y saltó al costado del camino. Azaroso todo.

Disparos al aire

Le aconsejó entonces la policía, según De Benedetti, que comprara un arma. Lo hizo. Y, al parecer, disparó cuatro o cinco veces. Todas al aire, agrega ella, ante la presunción de que hubiera ladrones en la casa en la que vivían en las afueras de Trelew antes de que él alquilara el departamento en el centro.

¿Por qué De Benedetti pide ahora ser querellante? Porque López Salaberry, colaborador de El Informador Chubutense y amigo de Gangeme, se sintió solo en una cruzada que, según confiesa, cambió sus hábitos de vida y porque ningún abogado de Trelew quiere tomar el caso. Algo así como una brasa ardiente, en verdad.

Un obstáculo podría ser para De Benedetti que no estaban casados, pero Minatta aduce que la convivencia es suficiente. "La voy a aceptar", dice. Eso significa que ella leerá por primera vez el expediente completo. De once o doce cuerpos.

"Que vengan y que revuelvan todo -dice Minatta-. No quiero que quede ningún tufillo sobre este caso. Ni suposiciones, ni nada. Me pone loco que piensen cosas raras. El hijo de Gangeme, Pablo, también quiere una copia y estamos haciéndosela. Yo tengo que mirarme al espejo todos los días. Soy el mismo que reclama por la transparencia de la Justicia."

La presentación de la segunda mujer de Gangeme como querellante se debió, sobre todo, a la mudanza a Roma de otra hija de él, Stella Maris, novicia. Es, según De Benedetti, una forma de impedir que la causa, después de la renuncia de López Salaberry, muera en el olvido.

Señal de ello es que, después de más de un año del crimen, el simple nexo de un policía detenido con testigos de identidad reservada creó falsas expectativas. Quizá más por ansiedad que por convicción. O por la necesidad de tomar un atajo frente al callejón sin salida que, en apariencia, depara el caso. Enigmático de cabo a rabo.

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